Te encontrás frente a la pantalla, las ideas no salen y tenes un embotellamiento mental. Tenés la mente está seca, bloqueada.
¿La solución? Levantate, calzate y regalate 23 minutos de movimiento. Porque en esos minutos, sucede la magia.
Primeros 10 minutos: el desenfoque necesario
Cuando salís a caminar, los primeros pasos no tienen un propósito más allá de romper con la rutina. Sentís cómo los músculos empiezan a aflojarse. En esos primeros 10 minutos, tu mente se aleja del problema, divaga, se libera de la presión de encontrar respuestas. Es un desenfoque intencional, un reseteo de pensamientos.
Siguientes 10 minutos: la oxigenación cerebral
Pasados los primeros 10 minutos, tu cuerpo entra en sincronía con la actividad. La respiración es más profunda, el ritmo cardíaco aumentando. Esos latidos y esa respiración llevan oxígeno al cerebro, el motor de la creatividad.
Empezás a notar un cambio: las ideas, aunque todavía difusas, empiezan a aparecer como puntos de luz al fondo del túnel. La concentración regresa poco a poco, pero sin esa rigidez del principio. Te estás oxigenando, y tu capacidad de conectar pensamientos se multiplica.
Últimos 3 minutos: la chispa de la inspiración
Es en estos últimos tres minutos cuando las ideas comienzan a entrelazarse, cuando vuelve la chispa. Una imagen, un concepto o una frase que parecía irrelevante antes ahora tiene mas sentido. La inspiración no llega de golpe, sino como un goteo persistente que se transforma en un río.
Volvés, cargado de aire fresco y con la mente relajada. Volvamos a trabajar.
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