Más del 90% de las personas caen en la misma trampa: “Voy a empezar cuando esté listo”. Pero, ¿adiviná qué? Nadie está completamente listo para nada. Prepararse está buenísimo, claro, pero cuando lo usás como excusa para no avanzar, se convierte en tu mayor obstáculo.
La analogía del baloncesto aplica a cualquier área de tu vida: lanzar un negocio, cambiar de carrera, empezar a entrenar o incluso dar el primer paso en una relación.
El perfeccionismo es como un ancla: te hace sentir seguro, pero te mantiene en el mismo lugar.
El 9% que aprende del error (pero se queda en el banco)
Luego está el grupo que lanza, falla y se paraliza. Es el típico: “¿Qué salió mal? Debería haber practicado más. ¿Y si no soy lo suficientemente bueno?”
Si sos parte de este grupo, felicitaciones: al menos tomaste el primer paso. Pero quedarte estancado en el análisis de tus fallas no te lleva más lejos que el perfeccionismo extremo.
El análisis es útil, pero el estancamiento es fatal.
Pensar mucho tiempo en tus errores es como ver repeticiones infinitas de un partido perdido: interesante, pero no cambia el marcador.
El 1% que falla hacia el éxito
Y ahí están ellos: ese pequeño porcentaje de personas que agarran la pelota, tiran, fallan y vuelven a intentarlo. No se detienen a pensar demasiado en cada error; aprenden sobre la marcha.
Acá está la magia: fallar rápido significa aprender rápido. Cada vez que tiran, ajustan un poco la puntería. El fracaso no es un enemigo, es el entrenador que te susurra: “Cambiá este detalle, y seguí intentando”.
Mientras el 90% sigue pensando y el 9% sigue lamentándose, el 1% ya está celebrando porque acertaron su primer tiro después de 10 intentos.
¿Cómo formar parte del 1%?
Si querés avanzan sin parar, acá tenés algunas ideas para dejar de quedarte paralizado:
1. Tirá aunque no tengas la jugada perfecta
La única manera de saber si algo funciona es haciéndolo. Si estás esperando el momento ideal, vas a esperar toda tu vida. “La perfección es enemiga del progreso”, como dijo Churchill.
2. Convertí el error en tu mejor aliado
¿Sabías que la mayoría de los grandes inventos surgieron de errores? El microondas, el post-it, ¡incluso el chocolate de taza! Fallar no significa que no sos bueno; significa que estás aprendiendo lo que no funciona.
3. Ponete plazos cortos e inamovibles
Dale una fecha de caducidad a tus preparativos. Si estás trabajando en un proyecto, decí: “Voy a lanzar esto, con lo que tengo, el viernes a las 5 PM”. Los límites te obligan a actuar.
4. Rodeate de gente que lance
La energía es contagiosa. Si estás rodeado de personas que nunca hacen nada porque están esperando “el momento perfecto”, vas a terminar igual. En cambio, juntate con quienes toman riesgos.
5. Celebrá cada lanzamiento, aunque falles
El acto de intentarlo ya es un logro en sí mismo. Cada tiro que hagas, cada paso que des, te pone más cerca de la canasta que el que no lo intenta.
¿Qué podés aprender de Michael Jordan?
Jordan, considerado uno de los mejores jugadores de la historia, dijo una vez:
“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. En 26 ocasiones confiaron en mí para lanzar el tiro ganador… y fallé. He fracasado una y otra vez en mi vida. Y por eso he tenido éxito.”
El éxito no es una línea recta; es una curva llena de tiros fallidos. Pero si seguís lanzando, eventualmente ganás.
¿Vas a seguir en la banca o vas a lanzar?
El éxito no está reservado para los más preparados, sino para los que están dispuestos a actuar, fallar y volver a intentarlo. Así que, agarrá esa pelota, mirá la canasta y lanzá. Porque el único tiro que definitivamente no entra es el que nunca hacés.
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